lunes, 30 de marzo de 2015

Pequeño Circo

Comparto clases de batería con el bárbaro del ritmo: un "manco" con pinta de prejubilado y el sentido de ritmo de cualquiera de nuestras madres. Me desespera. 

Un día me preguntó que si había tocado con anterioridad, porque me veía más suelto, ya le dije que no, que no es que yo sea especialmente hábil sino que él era un don pimpón con las manos esposadas... bueno, realmente no le dije eso, pero lo pensé.

El pobre pone todo su empeño, pero no es capaz de dar dos golpes seguidos al compás, toda su fuerza de voluntad es mi mayor desazón: ¡¡¡Me desconcentra!!!, no se puede tocar la batería cuando tienes de ruido de fondo el sonido de las latas cogidas en el parachoques trasero de un coche de recién casados saliendo furibundo a la luna de miel. 

Creo que soy parte de un experimento piloto de educación musical en adversidades de nivel bíblico. Se puede decir que mi aprendizaje es el equivalente al entrenamiento con lastres a 3.000 metros de altitud en la puerta de urgencias de un hospital neoyorkino el 11S.

Aún con todo ello, me lo paso genial, ya he aprendido 7 u 8 ritmos básicos y soy capaz de tocar por encima de jits míticos tipo "hotel california", "smoke in the water", "starway to heaven", es decir, controlo el repertorio del típico triple recopilatorio  de teletienda de AOR, ¡justo lo que quería!.

El martes pasado, Sergio, el profesor, me observó mientras tocaba por encima del "¡Salta!" de Tequila e improvisaba alguna variación, se quedó sorprendido porque usé un ritmo muy noventero tipo madchester y me preguntó que quién me había enseñado eso, le contesté que obviamente no había sido el hijodeñu que tenía enfrente matando moscas con las baquetas sobre la batería, sino que lo había aprendido después de escuchar desde los 14 años horas y horas y horas de música, 26 años escuchando buena mierda dan para algo, ¿no?.
Estuvimos hablando de nuestros gustos musicales y me caló rápidamente, me definió como un hijo del indie de los 90, ¡pues sí!, se puede decir que soy parte de la historia oral del indie en España. Y los hijos del indie noventero ya tenemos lectura sagrada, casi 1000 páginas de enseñanzas de la mano de Nando Cruz, mi odiadísimo Nando Cruz, ese que reseñó  como el culo uno de mis discos sacrosantos (el "Orgasmodelia" de las Rosas en Blanco y Negro) en el RockdeLux y que desaprovechó una oportunidad de oro con el mediocre "Una semana en el motor de un autobús" ("Dos ratos he tardado en leerme el libro sobre la primera obra maestra de Los Planetas, ¿y qué me ha parecido?, pues que una vez más en la larga historia de los granaínos se ha frustrado otra gran oportunidad de hacerlos más grandes que nadie antes.
Parece que la sombra de los fracasos en las grandes ocasiones es muy alargada, ya no solo son ellos los que pinchan en las finales (FIB 98 por ejemplo), ahora es Nando Cruz quien la pifia y convierte este libro en papel mojado, tíbio, flojo, ... J y los suyos no se merecían una literatura tan pobre y un deslavazamiento de ideas tan mediocre, exijo una reconstrucción de este libro por alguien competente, alguien que sea capaz de hacerme sentir que estoy ante la historia más grande jamás contada del indie español.").

Pues ya he pedido el libro a mi papá como regalo de mi cumpleaños, que está al caer... veremos si esta vez ha sido competente.

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