lunes, 3 de noviembre de 2014

El saber no ocupa lugar (descongélate en manos de M.)

Las croquetas y su historia

Hace unos meses, por motivo de un cumpleaños muy especial, me puse a investigar la historia de uno de los alimentos más deseados en todo el mundo: las croquetas. Esta investigación surgió de la necesidad de entender las croquetas como algo más que un simple alimento; y así, poder apreciar en su completo esplendor el rito de cocinar y comer una buena croqueta. Es por ello, que la historia de la obra cumbre del reaprovechamiento y de la escasez en las despensas merece ser conocida. Todo un arte fomentado por esas mujeres de las que hoy existen muy pocas, esas que sabían hacer de las sobras de ayer un delicioso plato para hoy.

Y bien, parece ser que la croqueta es un aporte culinario traído al mundo por los franceses. La palabra “croquette” podría ser un diminutivo derivado de la onomatopeya “croc” o de la palabra “croquant”(crujiente). La primera referencia a las croquetas que se ha podido encontrar las sitúa en el año 1691, vinculándolas al nacimiento de la bechamel. Louis de Bechamel fue un aristócrata que ejerció la función de Mayordomo Real, y por tanto también de encargado de cocina del rey Luis XIV. Él fue el creador de la mezcla de mantequilla, harina, sal y leche caliente que desde entonces lleva su nombre. Más tarde, combinaría esta salsa con trufa, mollejas de ave y crema de queso; creando así la croqueta.


Esto demuestra que Luis XIV no sólo nos dejó la herencia de la monarquía absolutista, el fabuloso Palacio de Versalles o la famosa frase “El Estado soy yo”,¡sino también las croquetas! Esta vinculación de las croquetas con la realeza europea también se puede apreciar en el primer documento escrito encontrado que menciona las croquetas como tal, el cual lo proporciona el cocinero Antonin Carême (1784–1833), conocido como el “rey de los chefs y el chef de los reyes”; quien en 1817 sirvió en un banquete para el príncipe regente de Inglaterra y el Gran Duque de Rusia con unas “croquettes a la royale”. A España parece que no llegaron hasta finales del siglo XIX.  

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