viernes, 21 de noviembre de 2014

El chico más pálido de la playa de Gros

A día de hoy, si me preguntan qué ciudad me ha gustado más, ¿Bilbao o San Sebastián?, lo tengo claro: Bilbao. No soy justo, lo sé, no se puede comparar un sábado y un domingo con un lunes y un martes, no se puede comparar un tiempo primaveral con un chubasco permanente. Pero si hay algo que me caracteriza es ser perfectamente injusto.

Y todo ello a pesar de que siempre me he creído de espíritu donostiarra, por amar sobre todas las cosas su música, por perseguir la belleza contínuamente, por la nostalgia marina, por creerme elegante, incluso por momentos señorial, ... pues no sé.

El viaje de Bilbao a San Sebastián fue una nube constante, lluvia y más lluvia. En medio de la oscuridad irrumpimos en Donosti por todo lo alto, me equivoqué de itinerario y nos plantamos con el coche en la puerta del Hotel María Cristina, ¡ole!, ¡qué vergüenza, ya salía un botones con su sombrero de copa a recibirnos!, pisé el acelerador y me salté un par de semáforos y docena y media de rayas contínuas, espero que no hubiera cámaras de tráfico porque si no me encarcelan.

Por fin llegamos a la pensiónconencanto enfrente del Kursaal, una opción de alojamiento muy interesante y asequible. Pero seguía lloviendo...

Dimos un paseín por el barrio de Gros, la arquitectura preciosa, casas muy bonitas, pero pasear con paraguas te jode la visión, es un rollo. Cenamos unas buenas tapas en el Bergara, y sí también son caras, el vasquismo es caro, así en general.

El lunes nos levantamos con el cielo gris y amenazando lluvia,  recorrimos el paseo de la Conca hasta el peine de los vientos viendo cómo los donostiarras están muy locos y se bañan haga frío (que lo hacía) o calor. Y preguntándonos a qué se dedican las decenas de surfistas que lo intentaban en las tres playas de la ciudad, ¿son ricos de familia, son pobres sin trabajo, son profesionales del surf, qué son?.

Por supuesto nos subimos en el funicular del monte Igeldo, fue subir hasta arriba y la amenaza de lluvia se hizo realidad... pero las vistas de la ciudad merecen la pena y bien valen un remojón. Y después del agua, el arcoiris. Tuvimos una tregua que aprovechamos para pasear por el centro y visitar tiendas. Pensaba que encontraría tiendas de ropa de hombre interesantes, tenía la ingenua ilusión de que los donostiarras machos alfa, incluso los beta, vestían ropa interesante de tiendas interesantes y distintas...Pues no. Y eso que pregunté a una chica muy amable de una tienda de mujer en la que entramos, me confirmó que no, que los chicos no tenemos alternativa: sota, caballo e inditex...

Llegó la hora de la comida y nos peinamos el casco viejo, un pinchito y al Morgan, una recomendación buenísima, tienen un menú del día por 18 € gozoso, calidad y sabor en un local muy agradable, nos encantó.

¿Qué nos esperaba al salir, que nos iba a acompañar toda la tarde?......¡Síiiii, la lluvia!!!!, joder, nos pegamos un paseo bajo el paraguas por el monte Urgull que acabó en pies en sopa...

El martes amaneció soleado, menos mal, así que corrimos a la playa de Zurriola,  a buscar al chico más pálido de la playa de Gros ... no estaba, pero a cambio nos encontramos con 30 o 40 surfistas que nos entretuvieron mientras tomábamos el sol y la sal, mientras cargábamos las pilas descontando el momento de volver a casa...


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