martes, 14 de octubre de 2014

¿qué pasó realmente? (el jueves)

Jueves lluvioso: Madrid me recibía con chaparrón, casi una anécdota para alguien que cuando va  a la capital lo hace con todo el poderío de provinciano. Un taxi a tiempo es capaz de dejar en agua de borrajas (nunca mejor dicho) un accidente climatológico, el que cogimos nos llevó al mercado de San Ildefonso, un street market muy bonito y moderno en plena calle Fuencarral. Todo muy London, Brookling, ... con puestos de comida de calidad y estética industrial. Sobresaliente para las hamburguesas, totalmente recomendables para reponerse después de un día de compras o bicheo por nuestro madrid.

Después de llenar el buche y el morral, nos fuimos para la residencia oficial en la capital, el Ballesta, pasando antes por la poética calle del Desengaño (unánimemente elegido mejor nombre de calle por siempre jamás), donde te empiezas a meter en situación con sus señoras putas muy educadas y amables.

Una vez recompuestos a la calle de nuevo, a perdernos por Malasaña, Triball, Chueca, Tribunal, ... comprobamos que en cuestión de bares toda la zona ha adoptado el modelo vintage-a un paso de lo chochi, es decir sitio con luz tenue y decoración abarrotada de saldos y rescates de la basura en forma de muebles de los 60 y 70, todo muy acogedor, eso sí. Definitivamente visto uno vistos todos, el más mítico es La Realidad, pero el Lolina no está nada mal, (si es que te quieres sentir acogedoramente sentado en medio de la casa de tu abuela o de tus tías abuelas).

Y corriendo para el Barclaycard Arena, a recibir a Nuestro Señor... 

El recinto bien, capacidad media (4.800 aprox) y no demasiado agobio, las camisetas caras (30 €), me quedé con ganas de darme el capricho, la cerveza carísima, así que poca, y nos posicionamos de mitad para adelante, bastante cerca de la celebridad.

No hubo teloneros, hubo proyección de vídeos y proclamas, pero a las 21:30 con puntualidad británica la estrella tomó la escena. Saludo deportivo y saque inicial con "The Queen is dead", el grupo sonaba increíble, una contundencia y claridad envidiable. Iban vestidos con camisetas de "Mad in Madrid" mientras que la señorona vestía camisa roja con un par de franjas verdes y pantalones (¿de chandal?) negros.

Así a bote pronto se podría resumir el concierto como: repaso extenso al último (y peor) trabajo del mancuniano, concesiones mínimas pero gloriosas al pasado y varios temas más o menos conocidos, es decir mazazo a los que pensaban que iba a ser un grandes éxitos nostálgico y conciertazo para los que de Morrissey (como del cerdo) nos gusta todo, hasta sus andares...

Un set en el que suena "everyday is like sunday" y termina con "how soon is now?" no puede ser de menos de 8,5. Es cierto que la diva se mostró menos agria y chula que en otras ocasiones, apenas nos vejó ni se rió de los españoles, un par de chorradas de los toros y poco más, a los que somos de la opinión de que un poco de dolor gusta se nos quedó corto, pero con los dos meneos de cable que se marcó nos volvió a meter en el redil. Morrissey está envejeciendo como todos nosotros, (la media de edad casi coincidía con el precio de la entrada, 56), y al envejecer nos hacemos más aburridos más sosos.

En fin, como dije a quién me preguntó: con independencia de la irregularidad, frialdad, o cualquier otro calificativo peyorativo que escribiesen las crónicas, "una palabra suya bastará para sanarnos" y así fue.

Tras hora y media salimos a comernos el mundo, o al menos a cenar con ganas, "La divina de Goya", al ladito del pabellón, es el típico sitio para mayores (o sea nosotros) lo suficientemente elegante y asequible como para que cenar de raciones se convierta en algo suculento.

Y después la debacle... solo os puedo decir una cosa: No se os ocurra haceros los guays pidiendo un martini dry, por mucho que Garci y los suyos los beban como el agua, vosotros no lo hagáis, ¡¡¡es la muerte líquida!!!!, de verdad, no lo intentéis, quedaos con la duda sobre qué tal estará, no merece la pena morir en el intento.

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