jueves, 20 de marzo de 2014

lo bueno, si breve ...

La brevedad es una virtud muy infravalorada: parece que lo breve es de peor categoría, menos serio, menos profesional, casi amateur, nada snob, ni siquiera sofisticado. Pese a los intentos del refranero popular por defender la categoría y las bondades de lo breve, (lo bueno si breve, dos veces bueno; lo poquito agrada, lo mucho cansa; ...), la experiencia nos dice que las obras "consideradas" son voluminosas, graves, extensas. 

Novelas tochacas rusas, discos dobles, películas iraníes de 3 horas, ... por no hablar de las reuniones de trabajo maratonianas, las charlas infinitas, ... ¿pero de qué puede tratar una jodida charla de más de 30 minutos si toda mi vida no ocupa más de 8?, en fin, que hoy vengo a revindicar el placer de lo breve.

Sin ir más lejos me acabo de leer 3 cuentos, relatos o novelas mínimas y el placer ha sido intenso y adictivo, tanto que me lleva a replantear iniciar proyectos de más de 200 páginas. ("El cuento de navidad de Auggie Wren" de Paul Auster; "Sueño" de Haruki Murakami y "Estupor y temblores" de Amelie Nothomb).

Me veo una temporada leyendo novelas cortas de Amelie Nothomb sin descanso ni fatiga, todo lo contrario.

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