martes, 26 de noviembre de 2013

envidia

El sábado las niñas tuvieron partido, fuimos a verlas. 

Es muy gracioso ver a un grupo de niños ilusionados por jugar, por jugar a una cosa que apenas entienden y cuyas reglas y fundamentos no tienen muy claros. Es la ingenuidad más pura y sana hecha caritas sonrientes. Viéndoles jugar se me despierta el instinto deportivo, las ganas de volver a jugar y compartir las sensaciones de un equipo. Me dan ganas de gritarles y animarles, de explicarles que son un equipo, que tienen que cuidarse entre todos, que todos ganan y todos pierden, pero que lo que no tienen que olvidar es el vínculo que les une. Suena muy romántico, muy de mundos de Yupi, pero es lo que me gustaría que sintiesen. Es lo que se siente cuando se ha pasado por ello y se sabe que no es lo que sucede en realidad.

Me brillan los ojos de envidia cuando les veo con sus equipaciones, quiero jugar con ellos. Y estoy seguro que no soy el único, vi el mismo brillo en los ojos de otros papás y mamás cuando propuse jugar una liga de padres....

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