martes, 29 de octubre de 2013

lecturas

Las hojas siguen cayendo, pero ahora también (o de nuevo) caen delante de mis ojos, he recuperado el hábito lector. La acción balsámica de la literatura vuelve a suavizarme las neuras, incluso las neuronas. 

Acabé "solo en el mundo", una novela intimista sobre el paso de la infancia al mundo adulto en medio de la Libia de Gadafi. Me dejó un sabor a miel amarga, si bien el tono es muy dulce, la poca literatura árabe que he leído lo es, (delicada y evocadora), el contexto y las experiencias del protagonista son tan amargas como el constatar que la maldad reside en el propio código genético del ser humano.

Después releí "La lluvia antes de caer" , la primera vez que la leí fue en inglés y quise comprobar después de años que me había enterado de algo. Desde luego que lo que he comprobado es que en castellano leo bastante más rápido, apenas me duró un par de días.

Y ahora estoy con "Naif, Súper" de Elrend Loe, una joyita,  dicen que es la novela de culto de los 90 para los nórdicos, es algo así como "el guardián entre el centeno" a los 25 años combinado con el estilo que tendría un niño de 12 años. Muy para mi, más si cabe cuando leo en la página 89: "Todo esto me resulta cada vez más atractivo. Pone mi propia existencia a cierta distancia. Me proporciona perspectiva. La perspectiva debería poderse comprar para que nos la pudiéramos meter por vena"

La perspectiva es uno de los conceptos fundamentales en la vida, yo lo llamo también "la distancia adecuada"


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