miércoles, 18 de septiembre de 2013

No a Bezoya, sí a Perrito Bravo ...

Después de comer otra vez a la carrera, vuelta al hostal, nos recompusimos (no se puede ir de cualquier manera a un festival, bueno a ningún sitio) y corriendo al Metro. Se me ocurrió comprar agua y me dieron Bezoya. NO me gusta nada este agua, ¡sabe! y si hay algo odiable en el agua mineral es que sepa. Otra marca que odio de agua mineral es Cabreiroa. Definitivamente ni Bezoya ni Cabreiroa serán nunca mi agua mineral oficial.

La principal excusa de la escapada era el festival dCode, que se celebraba en el Campus Universitario, un poco en plan fiesta inicio de curso, es decir, decenas de miles de teenagers universitarios haciendo botellón con sus mejores galas hipsters y no más de dos docenas de maduros trasnochados que se creen de vuelta de todo pero se niegan a crecer. El caso es que a las siete ya estábamos allí para ver los últimos temas de John Grant.

De los L.A. pasamos totalmente, de Love of Lesbian más, (sigo sin entender el frenesí que levanta el Santi Balmes entre las mujeres de toda edad y condición, por cierto salir a un concierto con una camiseta de tu grupo es un poco de canelito, ¿no?). Fue el momento de cenar algo, ¿como por ejemplo?, ¡unos perritos!, sí, mi comida festivalera oficial ya desde el PS12, además no eran unos perritos calientes cualquiera, eran unos Perrito Bravo, ¡nivelón!. Después Foals estuvieron bien, así sin más, en palabras de M. estuvieron desconcertantes, un poco galleguillos sin saber si van o vienen, pero muy profesionales. 

¿Alguien quiere otro Perrito Bravo?, sí, lo hicimos again, pero, ¡están tan buenos!... los comimos con Amaral de música de fondo. Me alegro por el éxito de Amaral, empezaron siendo chiquititos, apareciendo en DiscoGrande, currándoselo poco a poco y han logrado triunfar como muy pocos. 

Después saltaron los Vampire Weekend, que digan lo que digan son lo mejorcito del mundo. Ni sonido flojo ni poca actitud ni mierdas varias, son lo más, desde el minuto uno hasta el final. Encima solo tienen hits, así que no fallan, lo único que se les puede echar en cara es que no toquen más tiempo y se dejen imprescindibles fuera. Además lo repetiré una y mil veces, ¡tienen la imagen perfecta de grupo de pijos del Upper East Side!, no puedo ser más fanático. Y el telón floreado de fondo que traían era maravilla entre las maravillas.

Nuestra noche finalizó con otra máquina de hits, los Franz Ferdinand. Fueron los ganadores del festival y al día siguiente todo eran parabienes en las crónicas escritas y radiadas. Y estuvieron muy bien, es cierto, pero  yo es que soy más de Vampire, los Franz son como más para los que no son suficientementes indis (pueden sustituir indis por gilipollas, entendidillos, absurdos, ... like me), en mi cabeza los Franz son una especie de quieroynopuedobritpop-siglo 21, es decir, querría que fueran Suede, Pulp o Blur y no lo son, o al menos para mí no lo son, lo que me provoca más ansiedad que admiración.
Tras hora y media aprox. llegamos a la calle San Lorenzo, eran casi las 4 de la mañana y el Laidy Pepa todavía no había abierto, nos quedamos con ganas de tomarnos la última caña y unos espaguettis, pero tampoco pasaba nada, al día siguiente teníamos cosas que hacer...

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