martes, 10 de septiembre de 2013

deberes hechos

Estos días de fin de temporada he aprovechado para hacer unos cuantos deberes pendientes.

Me vi los capítulos finales de la tercera temporada de Alaska y Mario, lloré como una magdalenita con la fiesta del 50 cumpleaños, empecé emocionado pero la actuación de Asier Etxeandía interpretando el "¿por qué a mí me cuesta tanto?" me hizo brotar las lágrimas de manera sonrojante, necesitaba una catarsis después de una semana difícil y la obtuve a base de bien. 

También he devorado a ultra velocidad los 9 capítulos de la primera temporada de Dates, la serie del Channel Four británico que nuevamente lo ha petado. Del mismo guionista que Skins, por cierto, la primera temporada de Skins es de visión obligatoria si aún no lo habéis hecho. Al lío, Dates es la serie que HAY que ver, capítulos de 22 minutos (definitivamente la duración óptima de los capítulos de una serie, es más, puede que no vea ni una serie más si no es de este formato) con una trama que va creciendo capítulo a capítulo. ¿De qué va?, pues de citas de treintañeros a través de internet. El mundo de los singles, de los de toda la vida y de los recién reincorporados al mercado, algo muy actual y fuente de situaciones que nos resultan poco lejanas. Si me queréis vedla.

Y por último me he preparado el primer examen de la temporada, la tercera temporada de ¿Quién Quiere Casarse Con mi Hijo?. ¿Cómo?, pues viendo la presentación de los candidatos que me perdí mediado julio. ¿Qué me ha parecido?, pues gloriosa, una acumulación de datos, inputs, sensaciones, imágenes, referencias y palabras descomunal. Atención a Roi, la cuota gayer y su "Me considero un poco subreal ", si en la primera temporada la clave fue el concepto "desminorizado", en la segunda "impoluta", esta tercera no ha empezado y ya suena el "subreal" como smash hit. ¿Mis favoritos?, sin duda Alexis y Armando ,dos papanatas que podrían ser la cara B de Flavio Briatore y Borja Thyssen pero con el pelazo y la "classe" de Rubén Poveda. Un par de capullos mayúsculos salidos de esa gran cantera de la realidad más subreal que es la Comunidad Valenciana. 



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