jueves, 19 de septiembre de 2013

corre ex-dr, corre!

El desayunar en la cafetería del Museo del Romanticismo se ha puesto más de moda si cabe, han sido víctimas de su éxito y es casi imposible ser atendido en menos de 40 minutos. Un solo camarero para todas las mesas de dentro más todo el jardín es poquísimo, y claro surgen las malas contestaciones y las amenazas... pero bueno el caso es que tuvimos suerte y fuimos de los atendidos... el marco es incomparable, ¿pero la calidad es suficiente como para esperar tanto?, habrá que pensar en volver al "le pain quotidien".

Y llegó el momento más controvertido del finde, al menos el que más teclas hizo teclear durante la semana previa a la cita: ¡¡¡El Mercado de los Motores!!!... no, no es una reunión de canis en un polígono con sus últimas novedades en tunning, ni una exposición de vehículos de ocasión, ... el Mercado de los Motores es el jodido centro del universo el segundo fin de semana de cada mes. Es el mercadillo moderno del momento: hipsters, señoronas, modernos, eternos, guapas y guapos, todo es belleza allí, es la conjunción de la felicidad estética máxima, ¡es donde hay que vivir!.

Ahora se celebra en el Museo del Ferrocarril situado en la antigua estación de Delicias, que es un sitio muy revolución industrial, muy bonito. En la parte de fuera se sitúan los puestos de los particulares, donde llevan todos sus "mierdas" que ahora se llaman vintage y puedes encontrar joyas como la cámara Polaroid americana de 1972 que me compré por 10 € o anillos de bisutería tipo abuelita por 2 € y miles de cosas que me perdí por no tener tiempo ni capacidad de asimilar tanta información en tan poco tiempo. Dentro de la nave de la estación estaban las tiendas de cosas bonitas que desear, (Lady Desidia, caraguapa, amarillo verde limón, ...) y al fondo la zona de comer, beber, amar, ver y ser visto.  

El hambre y la sed acuciaban, corrimos (una vez más) al fondo para saciarla y logramos pispar una mesa y unas cuantas sillas industriales en una sombra justo al lado de 12 beldades hipster que representaban una especie de "última cena revisited", justo el público que deseo para mi. ¡Qué rico está todo en el paraíso!.

Y de nuevo a la puta carrera, ¡se me escapaba el AVE!: metro para arriba, recogida maleta, dudas sobre si metro para abajo o taxi salvador, metro para abajo, rezos y ofrendas varias a cambio de llegar a tiempo, carrera infernal por la estación, llegar al andén cuando ya estaban cerrando, entrega del billete, scanner, subida al tren y cierre de puertas, suspiro, sudor y ¡se han quedado abajo con mi billete!... ¿pasará el revisor y yo sin billete?... solución: hacerse el dormido (el equivalente "adulto" a enterrar la cabeza de las avestruces o taparse la cara y desaparecer de los niños).



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