martes, 7 de mayo de 2013

buscando mi sitio en el arco político

En medio de la crisis sigo buscando mi sitio, tanto vaivén logra descolocar a cualquiera, todo el sistema de valores que a lo mejor un día tuve se ha ido desmoronando a pasos forzados, puede que fuese monárquico mercantilista, conservador, demócrata-cristiano incluso a ratos progresista, pero ahora ¿qué soy, dónde me siento?.

Decididamente no soy comunista, neoliberalista, fascista, marxista, izquierdista, derechista, centrista, marquista, socialista, falangista, catolicista, upeidista, artista, liberalista, populista, anarquista, leninista, chavista, budista, estajanovista, nazista, franquista, ... ¿qué es lo que soy, Señor?, ¡¿en qué me he convertido?!

Pues en BRUXISTA, la crisis y la vida me han hecho así. Me he acostumbrado a apretar los dientes, a rechinar mis estructuras dentales sin propósitos funcionales. Aprieto los dientes ante lo que pasa delante de mis ojos, ante la descastada clase política, ante los sobres que van y vienen, los mails de un chantajista a un sinvergüenza con contactos reales, las contabilidades paralelas, los pagos opacos, los desahucios, las inyecciones a los bancos, las indemnizaciones a indultados, las matanzas de elefantes, las agencias corruptas de valoración, la troika matrioska, el rodillo alemán, el negro descafeinado que vende humo al otro lado del charco, las tertulias de tele5, los recortes a los funcionarios, los EREs andaluces, los sindicatos paniaguados, los despidos masivos, las pérdidas de derechos sociales, los aeropuertos a estrenar, los trajes a medida, las clausulas abusivas, los desvaríos norcoreanos, las teleconferencias, los miles de parados sin futuro ni esperanza, los pagos aplazados, ...

Soy un desgraciado bruxista que ha cambiado los valores por el rechinar de dientes, la acción por la pasividad de apretar las mandíbulas, el enfado por la resignación. Soy parte del problema

3 comentarios:

  1. http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/01/18/andalucia/1358541477_909155.html

    El día que acabó la crisis (Concha Caballero)

    Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.

    Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.

    Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.

    Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.

    Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.

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  2. Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.

    Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.

    De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.

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  3. El escrito de Concha Caballero es la pura realidad aunque pienso que se precipita en lo de 2014, tardará algo mas porque aquí todo tarda mas, esta es una decada perdida que se va a dedicar a poner en marcha el nuevo sistema, sera muy duro y muchos se van a quedar en el camino, ya se están quedando de hecho.
    Soluciones? la única efectiva sería una revolución pero eso no significa para nada que lo que viniese de la misma fuera bueno y ademas, hay que reconocer que las revoluciones no están de moda.
    Solo espero que por lo menos tanto dolor nos sirva para aprender de los errores cometidos.

    Politicamente siempre he tirado mas a la izquierda pero todo ha cambiado tanto que es imposible definirse y ademas prefiero no hacerlo, no quiero entrar en su juego de enfrentarnos los unos a los otros, lo unico que me hace falta es saber quienes son los malos y eso lo tengo muy claro.

    Un saludo

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