jueves, 25 de abril de 2013

máximas y mínimas frías

Ya me he comprado la nevera para el trabajo, era necesario. Para no dar demasiado que hablar y para velar por la economía familiar he elegido una mini nevera de 4 litros de capacidad, 6 latitas al cambio. Por fin podré tener unas cocas light y agua con gas, las bebidas de los campeones o de los pijos según C.

Esta compra trae causa en una de mis máximas vitales (una más), ésta la utilizo sobre todo en el ámbito laboral y es la siguiente: "Allá donde vayamos seremos felices".

Vale, es una reflexión mentirosa, difícilmente en la vida en general se es feliz, así que en el trabajo mucho menos. Pero con esta frase lo que intento decirme es que en cualquier lado se debe intentar lograr un ambiente al menos pasable. Bordea el conformismo propio de la casta funcionarial pero dándole un puntito reivindicativo, es decir, todo es una mierda, pero al menos que la mierda en la que te rodees sea dulce.

Cuando nos vinimos al culo del mundo (y dale con la mierda...) le repetía a todo mi círculo de confianza esta frase, y en menos de un mes casi ni nos acordábamos de dónde trabajábamos antes, es más, nuestros frentes de atención se han ampliado, seguimos hastiados pero entretenidos.




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