martes, 2 de abril de 2013

máximas y mínimas 2

"El hábito no hace al monje"


Esta frase me recuerda mucho a la película Trainspotting, cuando el protagonista, Mark Renton, un  adicto a la heroína, al referirse a Swaney (La Madre Superiora), un camello y adicto mayor si cabe, decía: “le llamábamos la madre superiora por el tiempo que llevaba con el hábito”.

También me acuerdo perfectamente de la primera vez que escuché la máxima, tendría 6 o 7 años y estaba junto a mi primo y sus amigos esperando a alguien para ir a celebrar el cumpleaños de nosequién en la puerta del colegio San J.. Llegó la madre de uno de ellos y dijo algo (que no me acuerdo) a A., que respondió con la frase de hoy: "el hábito no hace al monje". 

Me quedé a cuadros (y por entonces no se llevaban los cuadros, se llevaban las rayas), no tenía ni idea de qué significaba esa frase tan refranera que no era capaz de contextualizar. Tampoco importaba demasiado, podría decir incluso que por entonces mi "hábito" sí hacía al "monje", no sería hasta más tarde cuando el envoltorio se distanciaría enormemente del contenido.

El caso es que soy muy fan de esta frase y la cumplo a rajatabla porque me encanta abanderar la bipolaridad, multipolaridad y multiplicidad de las personalidades en cada persona individual. Uno puede ser de muy diferentes formas y solo debe mostrarse como verdaderamente se es en ciertas y limitadas ocasiones.

Dentro del hábito cabe todo, incluida la vestimenta por encima de lo demás, porque el único hábito  que hace al monje solo puede ser de PRADA

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